domingo, 5 de agosto de 2012

Breve e intensa visita a Uruguay

Unos pocos días bastaron para enamorarme de este país y de sus paisanos/as. A un par de horas en ferry desde Buenos Aires, al otro lado del Río de la Plata, que en su desembocadura llega a ser el más ancho del mundo, confundiéndose agua dulce con salada, se llega a Colonia del Sacramento. Esta pequeña ciudad colonial, bien cuidada y tranquila, es la perfecta puerta de entrada al país. Merece la pena pasar un mínimo de dos o tres días, sacudiéndose el estrés de Buenos Aires a ritmo de cortos paseos y largos descansos a orillas del inmenso río.






Cuando llegué a puerto y pregunté en la oficina de información turística por los alojamientos más económicos, desoyendo los consejos de una Lonely Planet obsoleta y saturada, me recomendaron, entre otros, Sur Hostel. Llegué y no busqué más. Cenas, cervezas y risas fueron la tónica general con los encargados, los dueños y el resto de huéspedes. Según Hostelworld, el mejor hostel en Uruguay del año 2011. ¡Muy recomendable!







Animados por el éxito del hostel, me dirigí junto a dos amigas -Anne y Jasmine- al otro que tienen los mismos dueños en Montevideo: Pocitos Hostel. Nada más llegar, Nacho, uno de ellos, sacó a relucir su buena onda y nos llevó a ver un partido de su equipo, el Nacional de Montevideo, nada menos que contra Vasco de Gama, por la Libertadores. Desde que vi cómo cantaba y animaba la afición, que se despedía de la competición con una derrota, me hice de El Bolso a muerte. Del partido solo puedo rescatar que vi al "Chino" Recoba sacar un par de destellos de calidad, pese a los años y el sobrepeso que lucía. El resto fueron cánticos, movimientos de muñeca a la sudamericana, bengalas y fuegos artificiales.


Pero antes de eso, una tarde "de relax" en la playa cercana al hostel y un lomito (sandwich de lomo, jamón, huevo, verduras... y lo que quieras echarle) que más bien era un lomazo. Después del partido, tragos y más risas con los amigos de mi tocayo. El día siguiente, con la resaca bien merecida, me fui a visitar la Ciudad Vieja de Montevideo. Tres empanadas en el Mercado del Puerto y como nuevo. Callejear sin rumbo y sin apenas descanso me llevó todo el día. Suficiente para ver los encantos de esta sencilla y preciosa ciudad, que muchos mochileros dejan de lado sin saber nunca lo que se pierden. Eso sí, acabé echo trizas. Y después de haber conocido la ciudad por el día, había que saber lo que deparaba la noche. Ya descansaría al día siguiente durante el viaje de vuelta a Buenos Aires.
  
La playa antes de caer la noche.





En el autobús, en la calle, en el fútbol e incluso corriendo por la costanera, tal es la pasión de los uruguayos por la yerba que es raro no verles con el mate en la mano y el termo bajo el brazo.


En la ciudad vieja, pocas cuadras (manzanas) separan los departamentos (pisos) más valiosos de los más deteriorados.



Teatro Solís



La bocha, un juego similar a la petanca, muy popular entre los mayores de varios países sudamericanos.

La experiencia uruguaya habría sido completa si hubiese encontrado entradas para uno de los dos conciertos que daba La vela puerca esas mismas fechas. Pero, como pasa con todo lo bueno, se agotaron pronto. ¡Otra vez será! 


Aquí os dejo un temazo de La vela...

La costa uruguaya: Punta del Este, Cabo Polonio, Punta del Diablo..., la dejé para una futura visita a Buenos Aires y Uruguay. Un buen destino para cuando disponga de dos o tres semanas de vacaciones.

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